Despedida a un amigo, a un gran compañero, Jaime Ricardo Ramos


Hasta pronto JaimeAun recuerdo cuando nos vimos por última vez frente a la capilla de nuestro amado colegio, todos éramos unos jóvenes que jamás se imaginaron que llegaría ese día en que dejaríamos atrás la niñez para luego convertirnos en adultos, en personas de mediana edad, pero no se nos cruzo de cerca que por cada día que pasará nos acercaríamos a lo que sería nuestro destino, mucho menos como habría de ocurrir.

Es triste decir adiós a un amigo que fue parte de nuestra niñez, parte de esos hermosos recuerdos que dejamos en el tiempo, hoy escribo para decirle adiós a un compañero, un hermano de promoción, me refiero a Jaime Ricardo Ramos, una persona que siempre tuvo una sonrisa que regalar, hoy al leer un mensaje que me envió Héctor Zepeda (anamerito), me enteré de su triste deceso, y mucho más triste por la manera en que ocurrió.

Esto me ha puesto a pensar en tantas cosas, una de ellas es acercarnos más, para poder ayudar a cualquier hermano que tenga problemas de cualquier índole, no permitir que se caiga en el abandono para extender la mano, sé que no soy un santo, ni podré jamás alcanzar la gracia, pero aun así, cuenten conmigo, escríbanme cuando necesiten hablar con alguien ya sea “x” problema, no porque sea alguien especial, sino por ser alguien que ha vivido y que ha pasado muchas noches de inmensa soledad, la suficiente para poder analizar ciertos conceptos de la vida.

Hasta donde nos comprometemos con nuestra gente, con nuestros hermanos, con nuestros amigos, creo que no lo suficiente, muchos huyen cuando alguien les ha solicitado ayuda, no monetaria, sabemos que no somos millonarios, pero ¿Qué hay del apoyo moral?

Cuando uno cae y toca fondo, lo primero que pierde es su autoestima, se cree y se siente que no vale nada, que luchar ya no es importante, y se queda ahí, en lo más profundo de la oscuridad, serán muy pocos quienes te tiendan la mano, o tal vez sólo sea una la mano amiga, quien podrá ayudarte a superar esa caída, pero para que eso ocurra, debemos saber quien nos necesita, y como lograrlo, manteniéndonos en comunicación, no importa que solo sean unas cuantas palabras, a veces la gente cambia con los años, pero les aseguro que dentro de nuestros corazones seguiremos siendo esos niños que un día compartieron un aula y que jamás nos olvidaremos, pidan ayuda cuando necesiten hablar de algo que los perturbe, no soy un santo ni llegaré a serlo, y lo más posible es que no alcance la gloria, ni la gracia, pero mientras este en este mundo, pueden contar conmigo, descansa en paz querido amigo, que Dios te reciba en su seno, y te diremos hasta pronto porque esta no es una despedida definitiva, duerme por mientras Jaime Ricardo Ramos. +

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