Jesús siente temor


Está es la más clara señal de la parte humana de nuestro señor Jesucristo, recordemos que él fue engendrado en la mujer más santa de todos los tiempos, La Virgen María, una mujer que encontró gracia ante los ojos de nuestro

 

Jesús Hombre
Jesús Hombre

 

creador, en ella el espíritu santo engendró al unigénito, el que vendría a redimirnos ante los ojos de Dios.
No sé si alguna vez han pensado ¿Cuál ha sido el verdadero motivo de la primer venida de Jesús?, pues bien se que muchos piensan que ha sido para condonar nuestros pecados, y así hay religiones que lo creen, que ese es el único motivo, en parte es cierto, pero la causa exacta fue el de restablecer el camino entre el hombre y el padre, ese que se rompió a causa del primer pecado ó pecado original. “Porque nadie llega al Padre si no es a través del hijo” fueron las palabras de Jesús, la verdad más grande de todos los tiempos.
– Cuando Jesús estuvo en el Monte de los Olivos, el día que fue a orar junto a sus discípulos, estando en oración, sintió miedo de todo lo que debía pasar, es cuando le pide al creador “ Padre, haz pasar de mi esté Cádiz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Palabras de una completa obediencia a los designios de Dios, Jesús sabía todo lo que habría de padecer, morir en la cruz era por decirlo así, un espectáculo dantesco, presumía una muerte cruel, en donde el prisionero era flagelado con látigos que en sus puntas tenían metales. Aún aquí, en este punto, Jesús nos da una última enseñanza, ya en la cruz, nos muestra que el del arrepentimiento, aunque sea en el último segundo de nuestras vidas, puede valernos para alcanzar el perdón de Dios y disfrutar la vida eterna, así lo hizo “el ladrón bueno” al que Jesús le contesto, “ de cierto os digo, que en está tarde estarás conmigo en el reino de los cielos”. Es duro pedir perdón o al contrario es fácil, solo necesitamos algo de humildad en nuestro corazón, y conciencia para saber que hemos hecho mal. Si todos tuviésemos esa gracia, a parte de saber perdonar, esté mundo sería otro. Pero hay quienes se encierran en su odio, se olvidan que todos algún día dentro de nuestra muerte, pasaremos ante alguien a quien le daremos cuenta de nuestros actos y por muy sencillo o insignificante que parezca el no haber perdonado a quien de alguna forma nos hizo algún daño, será mas que suficiente para que perdamos la gracia ante los ojos de Dios, y no podamos disfrutar de la vida que Jesús nos ha prometido, la vida eterna. Olvidémonos de la soberbia, que es la causante de nuestras desgracias, abramos nuestro corazón al amor de Dios, no saben lo dichoso que es vivir en armonía con el mundo y con nuestros prójimos, porque pudieron hacerme daño, pero sin que me lo pidan, yo os he dado el perdón. No contaminaré mi cuerpo con está bacteria que es causa de una muerte espiritual.

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